Hoy me he prometido que no volveré a hacerme daño. Hoy emprenderé un viaje y no sé si volveré. Con a penas una pequeña maleta llena de fotos y recuerdos me iré, no miraré a tras y sonreiré a la vida aunque ella no me sonría a mí.
Ahí estaba yo, con mi maletita en una mano, mi pequeña pero gran maleta, pues su contenido aunque era escaso era muy valioso para mí y en la otra el billete, el billete que me llevaría al lugar más remoto de la tierra, el lugar donde empezaría una nueva vida, una vida de paz y tranquilidad.
Y sí ahí estaba yo esperando el barco, y esperando con vagas esperanzas que él apareciera. Claro está que no iba a aparecer porque nadie sabía que me había marchado, pero no creo que a él le importara que me fuera, pues fue él el que tomó otro camino aunque yo le amaba. Por un segundo cerré los ojos e imaginé que venía, que venía corriendo hacia mí y emprendíamos este viaje juntos. Tal vez haya sido yo la que ha tomado el camino egoísta pues toda mi vida no estaba basada solamente en él, pero hay demasiadas cosas por las cuales sufrir y muy pocas que merezcan la pena.
El barco acaba de llegar y yo he de embarcar, al cruzar la escalerilla del barco, abre tomado la decisión más importante de mi vida, dejaré todo lo que soy y lo que he sido a tras y ahora elegiré de nuevo quién ser.
Por fin, ya en el barco, desde la proa miro al horizonte y me parece ver la cara de todas aquellas personas que me importan, y entre ellas estaba su rostro, el mismo que tantas veces acaricié, y aunque quiero borrar esas caricias no puedo, pero seguiré intentándolo. Me pregunto una y otra vez como `` ¿cómo se olvida al amor de tu vida? ´´ aunque no hallo la respuesta entiendo que alguna vez lo haré.
Después del largo viaje llego a mi destino y entre lágrimas me voy moviendo entre la escasa gente con un sentimiento de arrepentimiento por todo lo que he dejado a tras.
Ya en el lugar más remoto de aquella isla, sentada junto a la hoguera y divisando el horizonte con el precioso atardecer del mar, entiendo que para empezar una nueva vida he de ser capaz de no arrepentirme por haberme marchado; a si que arrojé todos mis recuerdo al mar con la esperanza de alguna vez volverlos a ver pero no poder tenerlos que es lo que me haría más fuerte y la marea los arrastró hasta que ya no los pude divisar. Lo arrojé todo menos la foto de él, su foto la arrojé a la hoguera para no volverlo a ver y caer de nuevo en su dulce pero malévola mirada.

Estoy realmente encantado. Escribes muy bien
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