Sentada en la barra del bar, una copa en la mano y mirada perdida entre la gente, sueños rotos por su matrimonio, y planes de futuro destrozados por su pronta maternidad, el cabello despeinado, el vestido negro ceñido, labios rojos, y una sonrisa preciosa oculta entre sus penas. Una invitación inesperada y una oportunidad que no podía dejar escapar. Volver a sentirse deseada, besar unos nuevos labios, sentir el cariño de un desconocido, recorrer un nuevo cuerpo, sentir nuevas caricias llenas de frescura, miles de sensaciones que ella creía ya acabadas resurgieron entre los brazos de un extraño. Ya tarde de vuelta a casa, los niños durmiendo y un inquietante silencio bajo la atenta mirada de su marido era lo que le esperaba tras salir de la ducha. No había forma de negar lo ocurrido, ni de ocultarlo a su astuto marido. Día tras día, el tiempo transcurría y en sus ojos bajo el perdón de su marido no había arrepentimiento, sino el deseo de que vuelva a ocurrir.
domingo, 24 de julio de 2011
martes, 5 de julio de 2011
Ira en sus ojos, miedo en los míos, gritos que retumban en mi cabeza, ni siquiera el volumen de la música me protege de sus grotescas palabras. Otra vez se repite la historia y yo cobijada en mi escondite, parece que no entiendo nada, pero no es así, nunca pensó que después de perdonarlo volvería a ser así. Sillas en el suelo, platos rotos, mesas de trincheras, cojines como escudo y manos como espadas, esta batalla se acabó con el portazo del infame. Ojos llenos de lágrimas y rostro marcado, tan solo quedan mis abrazos, los abrazos de alguien más dolida que la víctima de tan cruel episodio.
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